01. Calor de precisión a 42 °C
No sirve un saco de microondas que pierde temperatura a los tres minutos ni una esterilla doméstica. Se necesita calor regulado y mantenido en el rango terapéutico óptimo (en torno a los 42 °C), capaz de atravesar las capas superficiales y llegar al tendón. Es esta temperatura constante la que consigue dilatar los capilares atrofiados: los vasos se expanden y permiten que el oxígeno y los nutrientes vuelvan a alimentar la fibra muscular.







